Uso del cubrebocas frente al proceso infeccioso del COVID-19

El SARS-Cov-2, o COVID-19, es un virus cuyo proceso infeccioso presenta síntomas similares a los de una enfermedad respiratoria aguda. Sin embargo, en personas mayores y aquellos que padecen enfermedades o padecimientos como cáncer, diabetes, enfermedades cardiovasculares o enfermedades respiratorias crónicas, puede desarrollar un cuadro mucho más grave de la enfermedad y en algunos casos, el deceso del paciente.

Hasta la fecha no existen vacunas o tratamientos 100% efectivos para combatir la enfermedad por Covid-19. Sin embargo, la OMS (Organización Mundial de la Salud) ha reconocido ampliamente que la mejor forma de prevenir y detener la transmisión de este virus es a través de la sana distancia y el uso continuo del cubrebocas, especialmente en espacios con poca ventilación y donde pueda haber un grupo considerable de personas reunidas. 

Proceso infeccioso y ¿por qué debemos protegernos?

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), al día de hoy, los síntomas del COVID-19 pueden empezar a manifestarse desde los primeros 2 días de la exposición con el virus, y hasta 14 días después; por lo que existe un espacio de tiempo muy grande en el cual una persona puede portar el virus sin saberlo y contagiar a la gente a su alrededor sin darse cuenta. 

Por lo tanto, no es de extrañar que una de las principales razones por las cuales este virus se haya esparcido mucho más rápido que otros de características de contagio similares, sea efectivamente la falta de síntomas visibles en algunos pacientes durante todo el proceso infeccioso, lo que resulta en un mayor riesgo de contagio debido en gran medida a la falta de pruebas realizadas a la población para detectar los casos positivos y aislarlos adecuadamente. 

Por todo esto, la OMS ha insistido desde el inicio de la pandemia en el uso del cubrebocas como uno de los principales métodos para generar barreras de protección tanto para los portadores, como para el resto de la población no contagiada. Así, el enfoque de atención a la emergencia se centra en que los casos positivos, asintomáticos o no, no contagien a las personas más vulnerables a la enfermedad como los adultos mayores o personas con condiciones médicas como el cáncer, diabetes, enfermedades cardiacas o enfermedades respiratorias, entre otras.

Prevención y manejo de la enfermedad

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud ha establecido desde el inicio de la pandemia las medidas básicas de prevención y cuidado, siendo el uso continuo del cubrebocas y el distanciamiento social, las principales armas frente a la enfermedad. Sin embargo, también debe considerarse:

  • Identificar casos sospechosos y aislar aquellos que resulten positivos (infectados) en áreas adecuadas.
  • Identificar y poner en cuarentena a todos los contactos cercanos de personas infectadas, además de realizar pruebas a aquellos que desarrollen síntomas.
  • Usar cubrebocas en lugares donde sea evidente la transmisión comunitaria y donde no sea posible implementar el distanciamiento físico como medida de prevención.
  • Emplear precauciones de contacto y gotas por parte del personal médico, incluyendo el uso permanente de máscaras médicas.

Cuando se trata de contacto directo, indirecto o cercano, el proceso infeccioso del virus se produce a través de secreciones que se expulsan al toser, estornudar o hablar; por lo que resulta aún más evidente que el uso del cubrebocas sea considerada como la medida más efectiva para combatir al virus mientras se desarrolla una vacuna eficaz.

 

 

Fuentes: