Tratamiento, causas y síntomas de la cirugía infectada

La cirugía infectada o infección del sitio quirúrgico ocurre después que se ha llevado a cabo un procedimiento quirúrgico en la parte del cuerpo donde se realizó la incisión. Este tipo de infecciones a veces pueden ser infecciones superficiales que solo afectan a la piel, pero en otros casos son más graves, pues afectan tejidos debajo de la piel, órganos o material implantado. Su diagnóstico se basa en la evaluación del dolor o sensibilidad localizada, hinchazón, eritema, drenaje purulento, así como cultivos y observaciones radiológicas.

Es importante conocer los síntomas, causas y tratamiento de las infecciones adquiridas durante intervenciones quirúrgicas como una forma de disminuir su prevalencia. Estas forman parte de los acontecimientos desfavorables más comunes que ocurren después de una cirugía, pues representan el 38% de las infecciones nosocomiales que afectan a los pacientes quirúrgicos. Sin embargo, su frecuencia dependen considerablemente del tipo de operación, siendo las cirugías de alto riesgo las que conllevan mayores consecuencias.

Signos y síntomas de una cirugía infectada

Una infección del sitio quirúrgico puede producir enrojecimiento, hinchazón y dolor alrededor del área donde se llevó a cabo la cirugía; drenaje de líquido turbio proveniente de la herida quirúrgica, retraso en la curación e incluso fiebre. No obstante, según la profundidad de la infección, se pueden presentar otros signos y síntomas más específicos:

Infecciones superficiales

Se extienden hacia el espacio subcutáneo pero no penetran en la fascia muscular subyacente. Suelen aparecer un mes después de la operación y producir pus en el sitio de la herida. Se puede realizar un cultivo de muestras de pus para identificar la clase de bacterias que producen la infección.

Infecciones de incisión profunda

Se extienden hacia la fascia y el músculo, y pueden aparecer hasta un año después de la operación. Este tipo de infecciones pueden estar asociadas con implantes protésicos. Es posible que el sitio de la herida pueda abrirse por sí misma debido a la producción de pus por la cirugía infectada, pero en ocasiones es necesario que un cirujano intervenga y lo encuentre dentro de la herida.

Infecciones en órganos

También pueden aparecer hasta un año después de una operación e involucran cualquier órgano o espacio que pueda haber estado expuesto durante la cirugía. Una acumulación de pus, denominada absceso, es un área cerrada de pus y tejido en desintegración rodeada de inflamación. Esto se puede observar al abrir la herida o mediante estudios de rayos X.

Causas y factores de riesgo de las infecciones

Las infecciones después de la cirugía son causadas por bacterias, siendo las más comunes Staphylococcus, Streptococcus y Pseudomonas. Estas pueden infectar la herida quirúrgica de diversas formas: mediante el contacto con una persona o un instrumento quirúrgico contaminado; a través de patógenos presentes en el aire; o a partir de infecciones que ya están en el cuerpo del paciente y luego se propagan a la herida.

Por otra parte, los factores de riesgo para que se produzca una cirugía infectada incluyen: cirugías de emergencia o que duran más de dos horas; ser un adulto mayor; tener sobrepeso, cáncer, diabetes o un sistema inmunológico débil; fumar.

Tratamiento

La mayoría de las infecciones del sitio quirúrgico se pueden tratar con antibióticos; el tipo de antibiótico administrado dependerá de las bacterias que han causado la infección. Sin embargo, es posible que se requieran cirugías o procedimientos adicionales para tratar la infección. Asimismo, la adecuada higiene de manos, el uso correcto de ropa de protección personal y cubrebocas de alta tecnología y desarrollada con los más altos estándares de calidad como los presentados por Hindernis, permitirá hacer frente a la transmisión de estas bacterias.

 

 

Fuentes: